jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Cómo se financia una educación gratuita?



Con tanta discusión en el país sobre lograr una educación gratuita y de calidad, me pongo a pensar sobre el gran argumento en contra de la gratuidad que, como dice Piñera, en esta vida nada es gratis.

Sin embargo, muchos consideramos, y así el movimiento estudiantil lo ha manifestado, que para desarrollar una mejor sociedad los pilares fundamentales que deben erguirse son educación y salud públicas y de calidad. Y cuando digo públicas no me refiero a que necesariamente las células de cada pilar sean administradas por el estado, sino que su acceso debe estar garantizado para todos los integrantes de la sociedad misma.

Recordando algunas discusiones, aquellos que defienden nuestro actual modelo económico-social finalmente abogan por el concepto de meritocracia. Es decir, quien se esfuerza más, quien trabaja más o quien aporta más a la comunidad es quien merece ser dueño una mejor calidad de vida que el resto. Desde un punto de vista mezquino, pretender vivir mejor que otros es algo totalmente razonable (digo mezquino, pues a la larga todos hacemos nuestro aporte, así como desmitifica Leito en una entrada anterior). Como consecuencia, emerge una idea ya totalmente instaurada en nuestros tiempos: la libre competencia. Pero, ¿en qué condiciones esta libre competencia puede ser aceptable? Justamente sobre una base de igualdad en el acceso a educación y salud, o sea, igualdad de oportunidades. ¿Que pensaríamos de una carrera en 100 metros planos donde los competidores inician a diferentes distancias de la meta?

Esta idea me parece bastante fuerte, incluso obviando otros beneficios que otorga la educación más allá de aportar con herramientas necesarias para vencer a otros. Así está mencionado en la genial exposición televisiva aquí publicada.




Ahora bajémonos de la nube y vamos al grano, como dijo mi amigo dermatólogo.

Cuando se plantea una educación gratuita el tema de cómo financiarla arroja dos ideas que a primera vista parecen muy razonables. Por un lado, algunas personas creen que es injusto que las familias más adineradas no paguen por su educación teniendo las posibilidades de hacerlo. Por el otro extremo, otros piensan que es injusto que ellas tengan que pagar más impuestos para solventar la educación de terceros.

Algunos dirán que para lo primero, un sistema de aranceles diferenciado sería una solución factible usando un criterio simple pero efectivo. Se aplica una escala de medición de la situación económica y luego se asigna el monto correspondiente a pagar. Pero todos los que accedimos en algún momento al fondo solidario y otros beneficios sociales, comprendemos que esto NO funciona para la clase media.

En el segundo caso, un alza de impuestos a la renta vendría siendo casi lo mismo que la solución anterior, es decir, se sigue castigando directamente el bolsillo de las familias.

¿Entonces de dónde sacamos la plata?

La clave está en las grandes corporaciones que llevan años enriqueciéndose a costa del trabajo de los chilenos y la explotación de nuestros recursos naturales. Sobre todo las financieras. Ellas son las que deben pagar más impuestos, no las familias. Para que vayamos dimensionando, según americaeconomia, solamente la banca sacó en 2010 como utilidad ¡nada menos que 3.383 millones de dólares y el año anterior US$2.500! Para qué mencionar las utilidades de la minería, el retail, los supermercados, la energía, las forestales, el agua, etc. ¿Para dónde creen que se va esa plata? Ahí está lo que hace falta para lograr esta noble demanda.

Pero ahora vienen las aprensiones del caso. ¿Quienes estarían en contra de una medida como esta? En primera instancia serían los inversionistas, que justifican sus exorbitantes ganancias por el riesgo que asumen poniendo su dinero en los proyectos. Solamente por eso. ¿Dónde está aquí el esfuerzo, el trabajo, el sudor? ¿Dónde está la meritocracia?

Un segundo argumento contrario al alza de impuestos a las empresas, es un mito muy bien instaurado por los propios empresarios. Cito a @Fiskalizator (twitter): "De más está decir que hacer algo así implicaría una fuga de capitales extranjeros que nos dejaría como Bolivia", y prosigue "Porque en ese país los inversionistas extranjeros no invierten. Y sin capital, complejo desarrollarse".

Aquí podría decir dos cosas. Primero, que es reconocido como una ley el equilibrio de mercados, es decir, que para una determinada demanda existe una oferta que la satisface plenamente. Supongamos que ante el alza de impuestos, los españoles del BBVA deciden retirarse. ¿Si se acaba el BBVA, desaparece la necesidad de financiamiento? ¿es razonable creer que otros no abordarían esa demanda insatisfecha aceptando una menor utilidad después de impuestos?

En segundo lugar, como dice el referido, sin capitales no hay desarrollo. Esto puede ser cierto, pero vamos al fondo. ¿De qué manera las grandes inversiones hacen aportes al país? El trabajo generado podría considerarse como aporte, sin embargo, todos sabemos que los beneficios de los trabajadores en pocos casos están en proporción con las ganancias netas de las empresas. Dos ejemplos son El Mercurio y el Banco de Chile cuyos trabajadores se fueron a huelga hace pocos meses por los sueldos miserables. Entonces, ¿si no es a través del trabajo, dónde está el aporte? Justamente en los impuestos.

Un saludo a todos.